Una vez finalizadas las labores de poda y antes de proceder al abonado, es fundamental realizar una revisión completa del sistema de riego automático con el fin de garantizar su correcto funcionamiento. Esta comprobación permite identificar posibles obstrucciones, fugas, averías en los emisores, problemas de presión o irregularidades en la cobertura del riego, aspectos que podrían comprometer tanto la eficacia del abonado como la salud general de las plantas. Verificar el estado de las electroválvulas, programadores y sensores de humedad también forma parte de esta revisión, asegurando así que el sistema responda adecuadamente a las necesidades hídricas del jardín.
Una correcta distribución del agua es especialmente relevante en las semanas posteriores al abonado, ya que los nutrientes necesitan ser disueltos y absorbidos por las raíces para surtir efecto. Un riego deficiente o excesivo podría diluir en exceso los fertilizantes o, por el contrario, impedir su asimilación, afectando negativamente al desarrollo vegetal. Por ello, esta tarea preventiva debe considerarse una parte esencial del mantenimiento estacional, contribuyendo a optimizar el uso de recursos, mejorar la eficiencia del sistema y favorecer un crecimiento saludable y equilibrado de todas las especies vegetales del jardín.