El corte y la poda de setos forman parte esencial del mantenimiento estético y sanitario de jardines y áreas verdes. En términos generales, esta labor se realiza con una frecuencia de 2 a 3 veces al año en el caso de especies como los cipreses, con el objetivo de conservar su forma, estimular un crecimiento compacto y evitar su excesivo desarrollo en altura o volumen. Para otras especies de setos ornamentales, se recomienda una frecuencia ligeramente mayor, de entre 3 y 4 intervenciones anuales, dependiendo de la velocidad de crecimiento, la exposición solar y las condiciones específicas del entorno. Esta periodicidad permite mantener una estructura vegetal densa y saludable, favoreciendo además la regeneración constante del follaje.
Existen excepciones a esta pauta general, como en el caso de las adelfas (Nerium oleander), cuya poda se realiza habitualmente una sola vez al año, al finalizar el invierno, justo antes del inicio de la brotación primaveral. Esta intervención se efectúa con especial cuidado para preservar la floración estacional, ya que la adelfa florece sobre brotes nuevos. En todos los casos, las labores de corte y poda se realizan con herramientas profesionales bien calibradas, garantizando cortes limpios que reducen el riesgo de infecciones o estrés en las plantas. Además, la retirada de los restos vegetales se lleva a cabo de forma inmediata, asegurando una correcta limpieza del entorno y un servicio integral de mantenimiento.