El control de malas hierbas es una tarea fundamental dentro del mantenimiento de jardines y espacios verdes, ya que su presencia no solo afecta negativamente la estética del entorno, sino que también puede competir con las plantas ornamentales por agua, nutrientes y luz. Para su control, se aplican distintas técnicas según la localización de las hierbas no deseadas. En superficies como gravillas, accesos peatonales o áreas despejadas alrededor de arbolado, se emplean herbicidas sistémicos cuidadosamente seleccionados, los cuales actúan desde el interior de la planta y permiten su eliminación eficaz desde la raíz, minimizando la reaparición a corto plazo. Este tratamiento se realiza bajo estrictas medidas de seguridad y siguiendo la normativa vigente en cuanto al uso de productos fitosanitarios.
Por otro lado, en zonas más sensibles como parterres, arriates o áreas de plantación donde coexisten distintas especies vegetales, se recurre a métodos manuales o mecánicos, evitando así el uso de productos químicos que puedan dañar la flora ornamental. En estos casos, se procede al deshierbe con azada, removiendo ligeramente la capa superficial del suelo para extraer las hierbas junto con sus raíces y mejorar al mismo tiempo la aireación del terreno. En el césped, las malas hierbas se eliminan manualmente de forma puntual, especialmente cuando se encuentran dispersas, con el fin de preservar la homogeneidad del tapiz vegetal y evitar daños por métodos más agresivos. Esta combinación de técnicas permite un control eficiente, selectivo y respetuoso con el entorno ajardinado.