Revisión de riego automático

Creamos jardines con encanto

Como norma general para el mantenimiento de céspedes y gramíneas, se recomienda realizar un abonado al inicio de la primavera utilizando fertilizantes complejos específicos para jardín, los cuales contienen los nutrientes esenciales: nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K). En esta etapa del año, es conveniente emplear formulaciones con un mayor porcentaje de nitrógeno, ya que este elemento favorece la reactivación del crecimiento vegetativo tras el reposo invernal, estimula el desarrollo del sistema radicular y promueve un reverdecimiento rápido y vigoroso del césped. Existen distintos tipos de abonos en función de su duración y liberación de nutrientes, siendo los de liberación controlada con una duración de tres meses los más recomendables por su equilibrio entre eficacia y comodidad de aplicación.

Una vez superada la primavera y de cara al verano, se debe realizar un cambio en el tipo de fertilización para adaptarse a las nuevas condiciones climáticas. En este periodo es aconsejable utilizar abonos con menor contenido de nitrógeno y mayor presencia de fósforo y oligoelementos, lo cual permite fortalecer el sistema radicular y aumentar la resistencia del césped frente al estrés térmico e hídrico propio de los meses más cálidos. Esta estrategia no solo ayuda a mantener el verdor del césped, sino que también limita su crecimiento, lo que reduce la necesidad de siegas frecuentes y contribuye a su conservación en óptimas condiciones durante el verano.

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